6/06/2017

ESA NECESIDAD DE HUIR

¡Queridos Freezers!

Regreso tras mi último post. Después de aquella despedida llega una nueva bienvenida, un nuevo camino.

Las desilusiones te rompen por dentro, dejan tu corazón magullado y repleto de cicatrices, pero también te ayudan a crecer.

Hoy, con el café de la media tarde, quiero reflexionar sobre esas ganas de huir que nos entran cuando sentimos que una situación nos disgusta y nos supera.

Me considero una guerrera aunque a veces me crea una mierda. Y sé que huir no es la mejor opción pero a veces parece la salida más fácil.

Cuando alguien al que amamos nos decepciona, por mucho que le perdonemos hay una parte de nosotros que sigue rota, aunque haya otra que intenta superar el bache. 

Es como si una parte de nosotros se hubiera muerto desde ese día en el que una venda cae de nuestros ojos y vemos como toda nuestra vida cambia en cinco minutos. Hay errores que se cometen en un segundo cuya huella deja una cicatriz que tarda siglos en desaparecer. 

Al menos en mi caso es así. He de admitir que soy demasiado sentimental y emocional, que hay cosas que me afectan una barbaridad, por mucho que quiera rodear mi corazón de escarcha y que quizá por eso en algunos momentos lo vea todo de color negro.

Necesito tiempo para que esa herida sane, cicatrice y deje de supurar veneno y dolor.  Y la distancia parecía una buena opción. Ahora, con la mente fría, sé que no.

El ver cómo esa herida, en momentos puntuales, dentro de mi cabeza sigue derramando sangre junto a mis fantasmas y mis miedos, es lo que me ha llevado a querer mandarlo todo a la mierda.

En el instante en el que peor estás anímicamente, cuando se te borran las sonrisas, aparece la necesidad de huir y empezar todo de cero, sola y en otro lugar, lanzándote a la piscina del nuevo comienzo sabiendo que no tiene agua y que te vas a llevar una hostia tremenda. ¡La hostia de tu vida!

Después de una crisis de ansiedad profunda y de muchas lágrimas, después de haberte sentido destrozada, de haber visto cómo de tu decisión dependía todo lo vivido hasta ahora, el silencio te da las respuestas que necesitas. La calma regresa tras la tormenta para demostrarte que huir hubiese sido el camino más fácil porque tu corazón sigue amando. 

El camino más cómodo en primera instancia, porque cuando quieres de verdad…decir adiós no es algo que se consiga sin sentir que el corazón se te destroza en mil pedazos. Puedes incluso sentir más daño que la persona a la que estás diciendo adiós aunque él crea que no. Porque al pronunciar esa palabra estás sintiendo otra vez el daño que sentiste al paso de la desilusión que te marcó sumado a ver cómo todo se desmorona. Al fin y al cabo también es tu sangre la que se escarcha, tus sentimientos los que están en juego.

Hay que ser valiente para decir adiós, pero creo que también tiene mucho de cobarde.

Por eso estoy aquí, reflexionando entre líneas sobre las ganas de huir.


¿Os ha pasado alguna vez? ¿Os habéis sentido tan rotos que habéis creído que la única solución era empezar de cero lejos de todo?

Cuando los errores pesan como losas en el fondo del alma, lo más complicado es seguir luchando.

Me considero una guerrera aunque a veces me sienta tan pequeñita que no logro ver la luz al final del túnel.

Entonces me caigo al suelo, me siento derrumbada, cansada tanto mental como físicamente. Las fuerzas se me esfuman con el aliento de mi respiración y pienso en darme por vencida.

Es en ese momento cuando me doy cuenta de que hay cosas por la que merece la pena luchar hasta el último aliento. Los sueños son una de ellas. El amor es la otra.

No hay parejas perfectas, no hay historias de cuentos de hadas. El amor no es como nos venden cuando somos pequeñas. El amor a veces duele y decepciona. Nunca debe matar. Pero cuando dos personas son diferentes a veces hay que reconstruirse del dolor, hablar mucho, poner la relación en una balanza, lo bueno y lo malo, y decidir qué es lo que más pesa.

Porque como bien me han dicho estos días: para decir adiós siempre hay tiempo y más cuando tu felicidad y tu corazón están en juego. No hay que tomar decisiones en caliente.

Sé que soy una guerrera, que soy una mujer fuerte y que cada día lo seré un poco más. 

Si aprendí a vivir sin el hombre de mi vida, si salí adelante sin tener a mi lado a la persona que más me ha querido y me querrá, sé que puedo superar cualquier piedra que se me ponga en el camino. 

Sé dónde estoy, a dónde quiero ir, lo que he cambiado y evolucionado interiormente como persona y como mujer, y quien me quiera en su vida tendrá que aceptarlo y demostrarlo. Como yo siempre he dado y demostrado.

Hay que luchar hasta el último suspiro. Por las cosas bonitas, por las que realmente merecen la pena.

Y si llega un día en el que se suceden nuevas heridas, entonces será tiempo de decir adiós. De empezar de nuevo, en otro lugar, sola y quizás indefensa, como me dicen algunos, pero nunca débil.
Porque los débiles siempre buscan la salida más fácil. Y yo he decidido levantarme, arriesgarme, seguir luchando.

Mientras tanto, voy a hacer caso a la filosofía de los samuráis. Gracias a mi Isabel por su artículo y descubrirme la frase.

“Ahora es la hora, y la hora es ahora.” (tradicional japonés)

Voy a dejar los miedos y los fantasmas en el fondo de un cajón y que el tiempo demuestre lo que debe de acontecer.

Que mis queridas Nornas marquen mi destino. 

¡Un abrazo congelado!

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